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Sin duda alguna, uno de los principales elementos de seguridad del vehículo lo componen los elementos del sistema de frenado.
El sistema de frenado de un vehículo está formado por elementos de fricción (pastillas y discos de freno o zapatas si se trata de un vehículo que no cuente con discos de freno en las cuatro ruedas) que reducen la velocidad de giro cuando entran en contacto entre sí en el momento de pisar el pedal de freno.
La mayor parte de los vehículos en la actualidad están equipados con frenos de tambor en la parte trasera y frenos de disco en la parte delantera.
El tercer elemento del sistema es el líquido de freno, que transmite la fuerza de frenado desde el pedal de freno hasta el conjunto de elementos de fricción a través de un circuito hidráulico.
Para que este sistema siga trabajando en condiciones óptimas y garantizando la seguridad del vehículo, es imprescindible hacer una revisión como mínimo una vez al año.
De cualquier forma, debe tener en cuenta una serie de señales que pueden indicarle que el sistema de frenado precisa ser revisado:
– Pedal de freno duro.
– Pedal de freno excesivamente suave.
– Frenos que hacen ruido estridente.
– Si el vehículo se balancea hacia un lado al frenar.
Aunque no se detecte ninguna de estas señales, es conveniente realizar una comprobación del estado de desgaste tanto de las pastillas y como de los discos de freno, para asegurarse que no se ha llegado al nivel de desgaste máximo que comprometa la seguridad del conjunto.
Los vehículos actuales disponen de un testigo de desgaste en el cuadro de indicadores del salpicadero.
Si no se cuenta con él, habrá que observar el indicador de desgaste directamente en las pastillas de freno.
En el caso de que el desgaste sea excesivo, el elemento afectado debe ser sustituido.
También el líquido de frenos debe ser sustituido cada 2 años ó cada 50.000 kms. según recomendación del fabricante, para asegurar su óptimo rendimiento.